La fontanería residencial ha experimentado una evolución significativa en los últimos años. Más allá de tuberías y grifería, la incorporación de tecnología ha permitido mejorar la seguridad de las instalaciones y optimizar el uso del agua. En este contexto, los sensores inteligentes se han consolidado como una herramienta eficaz para la detección temprana de fugas y el control del consumo.


